歌词
En lo que puede de un minuto un segundo sujetar
Ante mí vino a posarse la antagonista de lo oscuro,
Emblema de los ángeles que no se dejan despeinar,
Sonrió y pude ver que era el fruto de un perfecto conjuro.
Al alba, sin saber cómo, en un instante me hizo llegar
Y los manantiales de mi alborozo inundó de futuro
Proporcionando a mis versos oídos donde aterrizar,
Demostrando así que no iba a dudar de si cruzar mi muro.
Que ya no debería al edredón el calor suplicar,
Me dijo, y también que me arrancara ese cascarón tan duro,
Que el aire que a mi alrededor desde entonces iba a soplar
Empezaría, de entre todos, a volverse el más puro.
Que, a partir de ahora, vuelva a ser translúcido tu cristal
De mieles en ciernes que pierdes si traes las sienes rojas
Del ruido de una triste cábala y su séquito fatal
Sufrir, cargándote por dentro con innumerables congojas.
Viviré, pues, al abrigo de una ilusión que ahora es real
Y recompone cada una de mis certidumbres cojas.
Así, borrando de mis miedos hasta el último retal,
Me repite el mundo sabe mejor si de ellos te despojas.